Si funcionara como debe hacerlo, la ansiedad sirve para comenzar a procesar la información amenazante y así anticiparse y prevenir esa futura situación de peligro. Serviría para concentrarnos en los datos relevantes para afrontar lo que pueda acontecer. La angustia es la sensación que provoca la ansiedad que "mal-funciona"
Esa sensación es común en estudiantes de todas las edades.
Para abordar la ansiedad (y su angustia) es necesario un proceso de evaluación, que empezará ante la detección del problema o la petición de ayuda. Esa evaluación continuará mientras se lleve a cabo la intervención para comprobar los resultados que se van alcanzando.
Deberemos conocer:
- Cuándo ha ocurrido el último episodio de angustia.
- Cuándo ocurrió de forma más grave.
- Cuándo pasó por primera vez (o qué ocasión se recuerda como la primera)
- Algún episodio breve.
Tras ésto, podremos conocer:
- Cómo ocurre el problema.
- Qué variables influyen.
- En qué medida y qué factores lo mantienen.
Paralelamente, debe existir una intervención psicológica y educativa encaminada a mejorar los siguientes aspectos:
- Autoconocimiento.
- Detección de señales de alarma.
- Autocontrol.
- Conocimientos.
- Estrategias de aprendizaje.
- Resolución de problemas.
- Autoeficacia.
- Autoestima.
- Habilidades sociales.
- Esparcimiento.
Cada alumno está rodeado de un contexto propio y único. No hay una receta universal y maravillosa. Hay mucho trabajo y responsabilidad (por parte del alumno y su círculo cercano) detrás de la superación de problemas de ansiedad, por eso, todos los avances merecen un gran aplauso.